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12 de marzo de 2012

The Return...

No digo más. :)

1 de enero de 2012

Of 2011, 2012 and Lovely Friends

Querido 2011:

Por dios bendito, qué puñetero que has sido. Una amiga mía que cree en todo eso de la numerología y tal, me aseguró que ibas a ser molón y bueno para la humanidad. Mi amiga es muy buena en otras cosas, así que no pasa nada en verdad. 

No has tenido piedad. Te has llevado a seres queridos de mis seres queridos. Te has llevado trabajos y oportunidades, dinero, y una larga lista de otras cosas, demasiado larga para ponerla en lo que intento que sea una felicitación corta. No has sido un chico bueno PARA NADA. 

Sin embargo, también trajiste algunas cosas buenas, probablemente como daño colateral y sin que te dieras cuenta. Trajiste nuevas vidas para compensar las que quitaste, como era tu deber. Juntaste amigos y terminaste enemistades. Y me trajiste de vuelta a London, con todo lo que London significa.

No te ofendas, pero casi que nos alegramos mucho de verte marchar.

Requiescat in Pace, o algo.   


Querido 2012,

Ya has leído lo que le he dicho a 2011. El que avisa no es traidor.

Mucho ojo con lo que traes contigo. NO copies a 2011. No es lo más inteligente ni de lejos.

Además, no seré tan benévola. Si osas a traer más infelicidad a todos mis amiguitos y amiguitas por el mundo, seré despiadada y te detruiré. Una panda de mayas ancestrales estará encantada de ayudar, he escuchado por ahí.

Estaremos vigilando.


Y finalmente, Queridos amiguitos y amiguitas en todo el mundo: 

Sois muy guays. Gracias por todo. A mí no siempre se me entiende y no siempre parece que estoy por ahí, pero lo estoy, y lo más guay es que vosotros estáis también. Extra-gracias si habéis soportado todos mis angustiosos pros y contras acercade TODO este año.No os merecéis más que cosas buenas.

Os deseo una estupenda entrada de año y a ver si 2012 nos ve sonreir un poquito más. 

 Os dejo también un video que Piluna y Masi ya sufrieron ayer. Sin ser particularmente fan de este muchacho, esta canción me ha sacado de más de una y más de dos, así que hale.

Ya sabéis. Saber que se puede, querer que se pueda. 




PD: Ya os cuento cómo fue la Nochevieja para esta enviada especial londinense. Ya os chivo de antemano que fue la leche. LA LECHE.

18 de diciembre de 2011

Of... London.

Casi me da miedo hacer las cuentas del tiempo que hace que no me paso por aquí. 

Qué le habrá pasado a esta ahora? Se preguntará alguno por ahí, espero, aún. Pues muchas cosas, amiguitos. 
Entre ellas, y una de las más importantes detrás de mi mutismo absoluto, es que Lizzy ha hincado el pico. 

Lizzy --> Mi preciado notebook (el ordenador chiquitillo, vamos)
Hincar el pico --> Espicharla, palmarla, dejar de respirar, o como diría mi padre, entregar el correaje. 

Pues eso, que un día fui al baño y cuando volví, encontré a Lizzy mustia y apagada. Apagada del todo. Yo quiero pensar que está sólo en coma y que algún día despertará. Concretamente el día en que le dé dos patadas o algo. No sé. 

El caso es que si antes me costaba sacar un rato pa ponerme a darle a la tecla, ahora sin Lizzy, que lo que estoy usando es mi móvil, pues es un martirio. De hecho, esta entrada que estáis ahora leyendo la he escrito durante semana y media a ratos, así que disculpas por los saltos argumentativos que esto va a tener.

Bueno, antes de que se me vaya de las manos. Datos: 

Estoy en London. Yuju! 

Estoy trabajando en una Nursery que da para dos o tres telenovelas, de las largas además, así que no tanto yuju. Madre de dios. Con razón necesitaban tanta gente. Dinastía una mierda comparado con lo que hay metido allí. Pero ya contaré. Quitando eso, padres madres y nenes están muy contentos conmigo allí, así que yo ya empiezo a estar más contenta también. Muy cansada pero contentilla. 

Hoy me ha parecido ver dos copos de nieve cayendo. No estoy completamente segura, pero creo que era copos. La lluvia no se bambolea en el aire tanto tiempo. 

Mi habitación es tan pequeña que estoy casi de puntillas pasando de un lado a otro, echando unos gemelos de envidia. Como pro, estoy viviendo con una compañera de clase y otra chica (bueno y dos chavales supuestamente, pero como los he visto dos veces en dos meses, no cuentan). No tengo salón, así que me paso la vida en la cajilla de zapatos, o en la Nursery, o en la cocina. Pero en fin, los comienzos nunca son fáciles y ya sabía a lo que venía. Y es London. 

Y sobre todo...es London en Navidad. Voy a intentar subir alguna foto aquí, no sé como. Porque en realidad da lo mismo, al final es London. 

Por cierto, bajo el día 24. Una semana de nada, que no tengo más vacaciones, pero bueno, algo es algo. 

Y bueno, no sé qué más decir en esta entrada-reencuentro. Pedir disculpas me parece un poco como si en realidad la gente estuviese ahí esperando a saber de mi increíble e interesante vida, aportación básica para la humanidad y la continuidad de la raza... pero que sinceramente espero que os lo hayais estado pasando pipa en la Drawing Room sin mí (las pastas y el té se rellenan mágicamente, por eso no estoy preocupada xD), y que ya os iré contando anécdotas, sobre todo de la Nursery, que es donde ahora vivo prácticamente.

Buenas noches, 

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22 de octubre de 2011

Of Epitaphs, Concrete Ramps and Chihuahuas

Sobre Epitafios, Rampas de Hormigón y Chihuahuas

La primera vez que oí lo que podría ser perfectamente mi epitafio -si algún día me da por ser presuntuosa y hacer que me hagan uno- se suponía que yo no debía estar escuchando la conversación que mi madre estaba teniendo con sabe dios quién en ese momento. 
Mi madre no estaba muy contenta conmigo que digamos por entonces. Y en realidad con razón, ya que les había dado un susto de muerte a ella y a mi padre, cuando subí del patio con las rodillas, manos y cara desolladas. 

"Muy resuelta, nos ha salido ésta, por no decir otra cosa..."

Ni que decir tiene que no estaba alabando mi determinación ni mi capacidad resolutiva. Lo que había ocurrido había sido lo siguiente:

Solía haber una rampa muy empinada donde mi padre aparcaba el coche, ahí en plan terraplén de arenilla detrás de los pisos. Día tras día, yo veía a los niños más mayores que yo correr rampa abajo -rampa hecha de hormigón de éste granulado, para más señas-, tomando velocidad hasta que, triunfantes, llegaban al final sin matarse. Y así es como, sin darme cuenta, una idea había empezado a germinar en mi cabecilla.

Yo tenía cinco o seis años entonces, creo. Quizá siete. Y por desgracia ya me había visto yo a mí misma rampa abajo. Recuerdo quedarme observando muy atenta a los niños que conseguían bajar la rampa sin romperse la cabeza ni nada (viva el aprendizaje vicario :D) y también tomando nota de qué NO hacer gracias a unos cuantos melones que sí se partían cosas, por imprudentes.

Mi madre, siendo mi madre, se había dado cuenta de mis miradas analíticas y mis ojillos brillantes. "Ni se te ocurra. Es peligroso y estúpido hacer eso", me advirtió la pobre, seriamente. Pero ya era tarde. Yo ya estaba bajo el hechizo de aquella estúpida y peligrosa rampa, que en realidad me daba pánico, y por lo tanto me atraía de manera brutal.

Así que pasado el período oportuno de observación, un día decidí que finalmente estaba lista para intentarlo, cuando no estaba bajo supervisión parental. El primer intento fue un fracaso; perdí todo el fuelle, el valor y la dignidad nada más acercarme al borde de la rampa, así que me paralicé por completo. Además, no podía dejar de mirar hacia la ventana de mi salón, que daba a ese lado, por si mi madre me pillaba in fraganti. Derrotada, me fui a mi casa, pero incapaz de dejar de darle vueltas.

Las siguientes veces intentaba distintas cosas. Me acercaba cuando nadie me veía, pero no lo hacía. Otras veces hacía como la que iba a tirarse, y daba unos cuantos pasos más, pero siempre hasta donde podía volverme, y siempre me volvía.  Hasta que un día, un glorioso día, me cogí por sorpresa, reuní valor, y seguí adelante.

Ni que decir tiene que fue un completo desastre y acabé rodando rampa abajo cual croqueta muy torpe. Resulta que era mucho más difícil de lo que yo había calculado -la variable de mi falta de equilibrio había sido ignorada, por ejemplo. Y bueno, hubo consecuencias peores que la sangre y el desollamiento general, porque resulta que mis padres eran muy estrictos con cualquier actividad que pudiera acabar en nuestros fallecimientos prematuros.

Pero ah, la sensación....Sangre, consecuencias y vergüenza total al margen, la cuestión es que lo había conseguido. Casi me mato, vale, pero aun hoy recuerdo claramente la sensación de haberlo conseguido. Había superado mi miedo y había bajado por la rampa. La perfeción en la ejecución no era mi prioridad todavía.

Después de esa primera, vinieron muchas rampas, claro. Porque, hasta la fecha, el proceso no ha cambiado mucho por desgracia, y cuando los susurros de una idea se instalan en la parte trasera de mi coco, tengo que ir hasta el final para callarlos.

Las rampas sí que han ido cambiando a lo largo de los años.

Hubo una rampa no mucho después de aquella primera con la forma de una bici sin ruedines. Montón de horas y frustraciones y desollones después, una mañana descubrí que me había enseñado a mí misma a montar en bici.  Mordor 0 - MiniYo 2

Luego estuvo esta otra rampa con la forma de un columpio de neumático. La idea era dar la voltereta hacia atrás agarrada firmemente a las cadenas, acabando en un aterrizaje perfecto mirando al suelo y con los pies juntos. Una tarde por fin lo conseguí. También, con mucha dignidad, recogí un par de trozos de diente del suelo e informé a mis amigos, escupiendo, que me iba un momento a mi casa, que ahora bajaba. Obviamente, no bajé, ni esa tarde ni en unas cuantas más, pero en fin. Mordor - 0  MiniYo 3

Otra rampa cogió la forma de una piscina donde no hacía pie en ninguna parte. me costó dos veranos y mucha vergüenza, porque ya no era tan niña, pero la idea ya estaba ahí.Por lo tanto, Mordor 0 - MiniYo 4

Y así muchísimas más que podría contar hasta que, finalmente el año pasado, me tiré por la rampa que acababa en un país extranjero, casi sin pelas, sin conocer a nadie, yo solita. Pero tenía que hacerlo. El martilleo se había vuelto insostenible. Mordor 0 - MiniYo MUCHO.

Por mucho que yo piense todo lo contrario, puede que mi madre tuviera una mijilla de razón aquel día. Quizá soy demasiado resuelta para tonterías, o al menos la parte obsesiva de mi cabeza lo es. O quizá cuando dijo eso de 'por no decir otra cosa', a lo que se refería era a que soy más que nada imbécil y cabezona, empujándome a mí misma hacia rampas por las que no necesito rodar en realidad en lugar de conformarme con la seguridad de lo conocido y lo fácil. Vete tú a saber. 

La cosa es que así es como funciona, y en el momento en que algo (o alguien, como bien aprendí cuando fui creciendo y empecé a mezclarme con hombres...) me interesa, me parece complicado o imposible de conseguir, comienza la batalla entre el pánico total y el deseo absoluto. No importa el miedo que me dé, los susurros no se van hasta que lo intento de alguna manera. Y normalmente por una razón.

La cosa, que tiene guasa, es que ni siquiera se trata de tener éxito al final, al menos no en su idea tradicional. De hecho, la mayor parte del tiempo acabo de nuevo rodando cual croqueta torpe y desollada. Pero en verdad merece la pena. Primero, porque para mí el éxito es tirarme por la rampa. Y los resultados reales pues oye, un bonus. Y segundo y casi más importante, porque los remordimientos y los susurros desde Mordor, tal y como yo los conozco, son mil veces peores que cualquier brecha que jamás me he hecho tirándome por cualquier rampa por la que jamás me he tirado.

La última rampa la llevaba observando durante un tiempo, como algunos ya saben. Una rampa a la que a día de hoy no le veo yo el final muy claramente. Resulta que he vuelto a London, después de mucho perder pelo, peso y sueño. Y cordura, obviamente.

Y ya no soy aupair, ni pertenezco al limbo algodonado en el que viven. Ahora ya me he hecho mayor, y empiezo a trabajar en una Guadería/escuela infantil este lunes 24, amiguitos, y estoy, por decirlo así más elegantemente, una mijita aterrada. De repente me doy cuenta de que no tengo ni idea de qué estoy haciendo ni qué tengo que hacer (vale, lo normal cuando se es nuevo blababla), pero no sólo por el trabajo. A este ritmo de perder pelo, peso y cordura, calculo que en un par de semanas me habré convertido en un chihuahua. En fin.

Tengo muchas ganas de salir pitando, o de quedarme debajo del edredón, como hice esta mañana hasta que me dio vergüenza por mis compañeros de piso, que soy nueva y tampoco es cuestión de ganar fama innecesariamente pronto. Pero ya he llegado a un punto de la rampa en que he pasado el Punto de No Retorno, ya no puedo volver patrás, y estoy ahí cogiendo velocidad. Y aunque seguramente acabaré con las manos, las rodillas y la cara echada abajo, igual tenía que hacerlo.

Y oye, sobreviví mi primera rampa de hormigón a los seis años. Igual mi madre estaba sobre la pista de algo, ese día.

Seguiremos informando. En serio esta vez!

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9 de octubre de 2011

Of Wisdom On Two Legs

Porque la tengo aquí al lado y se ha quedado toda la inspiración de las dos, y aunque seguro que algunos ya lo habéis leído: 


PD: Volveré... (en menos de lo que pensáis... :D)

19 de agosto de 2011

The Anonymous Tramp That Brightened My Week

El Vagabundo Anónimo Que Me Alegró La Semana  ( Y abajo la tenéis en Versión Original :D)

Siempre he sido una defensora del concepto 'nunca sabes cuándo las cosas están a punto de cambiar.' Suena optimista y molón, y en realidad puede serlo, pero como también puede ser todo lo contrario. Filo-ladrillos aparte, para mí siempre ha sido más bien lógica. La experiencia me avala también, pero más que nada la lógica. No sabemos nada, y no hay más que hablar. Así que incluso cuando me llegan los tambores de Sauron desde Mordor, que es un sabihondillo y un hijoputa, siempre intento recordar que, por mucho que tema, la realidad es que no sé nada. Qué será será, whatever will be will be...etc. 

Al mismo tiempo, hay otra Verdad Universal sobre los buses de London. En el año y pico que llevo siendo londinense, creo que podría contar una historia diferente en cada uno de los viajes que he hecho en bus. Quizá es que me aburro mucho en los transportes públicos, o que London me mola tanto que todo lo observo. El caso, que siempre hay algo: historias estúpidas, divertidas, raras, pelín miedito...y luego está la de esta mañana, que sin duda se lleva el premio de todas. Y juro solemnemente que voy a embellecer nada.

Bus 155 hacia Clapham. Me siento junto a una de las ventanas, sitio libre a mi lado. Como no podía ser de otra manera, el típico vagabundo-borrachín-chalao-alérgicoalagua, con una barba que claramente albergaba todo un ecosistema propio, se me sienta al lado, con un "good morning, madam", muy educado, eso sí. Le ofrezco la sombra de una sonrisa, empiezo a respirar por la boca todo lo discretamente que puedo, y me pongo a mirar por la ventana, en caso de que le dé por querer conversación, que suele pasar. 

Efectivamente, le oigo hablar. Pero lo que oigo no es lo que suele pasar. 

"Pareces triste." 

Al principio, ni siquiera sé si es a mí. Sí es. Y de verdad, me ha cogido por sorpresa. Miro a Tramp, pero no digo nada. Él me está mirando muy fijamente.

"Sí, es verdad. Pareces triste."

"No lo estoy", digo un poco a la defensiva, cosa que no me mola, intentando cortar la conversación y volver a mirar por la ventana. Pero la cuestión es que me ha dejado de palo.

"Me he pasado la mayor parte de mi vida triste, sé cuando alguien lo está. Y estás triste. Lovely ladies como tú no deberían estar tristes. ¿Es algún capullo el que te hace estar así? No deberías preocuparte, los hombres somos unos mierdas."

No puedo evitar sonreirle.
"Puede, pero no, no es eso. Y en serio, no estoy triste."

"¿Se ha muerto alguien?" 

"No que yo sepa; espero que no." 

"No es malo estar triste, sabes. Yo voy siempre borracho. No siempre, pero sí todos los días. Yo bebo porque soy un capullo, pero los capullos también pueden estar tristes, sabes."

"Los capullos probablemente tienen buenas razones para estar tristes. Lo sé."

Tramp me mira, diferente. De repente él también parece diferente, sobrio. Casi como si hubiera dejado de ser un vagabundo borracho en un bus.

"Me tengo que bajar en la siguiente, así que podrás respirar por la nariz de nuevo pronto, madam. Lo que sea que te hace estrar triste, mándalo a la mierda. Nada es tan importante, la vida es una mierda. Pero a veces se puede encontrar un camino entre la mierda, sabes. Y la mierda cambia. Un día es una mierda, al día siguiente es otra. Y eso es bueno. Y a veces la mierda desaparece. Así, tal cual, se va. Me gustan tus ojos. Tus ojos pueden ver las cosas. La mierda que te hace estar triste desaparecerá."

No tengo ni idea de qué le pasará a mi mierda, pero mis ojos en ese momento no son capaces de ver mucho, ni muy nítido.

"Que tengas un buen día, madam. Ha sido un placer," y hace una pequeña reverencia con la cabeza.

"Un placer, efectivamente," le digo, y no miento. "Que tengas un buen día tú también."

El Vagabundo se baja del bus, arrollando a un par de señoras. Sigo respirando por la boca un poco más. Estoy a punto de sacar mi phone y hacerle una foto, pero no me atrevo a sacar fotos de gente en buses, y además se ha bajado por la otra parte, así que no le vería de todas maneras. 

Como iba diciendo, nunca sabemos cuando la mierda está a punto de cambiar. 

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The Anonymous Tramp Who Brightened My Week



I've always been a defender of the concept 'you never know when everything is about to change'. Sounds optimistic and cheerful, and in a way might be, as might be just the opposite. But philo-rant aside, for me it was always just logic. Experience backs me on this one as well, but mostly logic. We know nothing. So even when I start to feel the pangs of pessimistic smartarseness, I still try to remember that I know nothing. The future's not ours to see, qué será será, what will be, will be, etc.

At the same time, there's another Universal Truth about buses in London. In the roughly a year or so I've been a Londonder, I think I could tell some story or another about every single one of my rides. Or maybe I'm just a very bored individual who notices things when taking public transport. Stupid things, funny things, weird things, downright scary things...but today's thing tops them all. And I solemnly swear that I have embellished nothing.

Bus 155 to Clapham. I'm sitting by the window, vacant seat beside me. Tyipical tramp-drunkie-lunatic-allergictowater, with a beard that looks like it could be hosting an entire ecosystem of its own, sits by my side with a polite Good Morning, madam. I offer the shadow of a smile, start breathing through my mouth as discretely as I can, and keep on staring through the window.

"You look sad."

At first, I don't know if he's speaking to me. And second, I'm not expecting that. I look at Tramp, but say nothing. He's looking at me very intently.

"Yeah, you do. You look sad. "

I look at him for a second. "I'm not," I say a bit defensively for my taste, trying to cut the conversation and looking again through the window, but the statement out of the blue has taken me aback.

"Yes you are. I've been sad most of my life, I can tell. You are sad. Lovely ladies like you shouldn't be sad. Is it a fucking bastard, the one making you sad? You shouldn't bother, we men are shite. Some fella will be for you."

I can't help but smile.

"Maybe. But no, it's not. And really, I'm not sad."

"Someone died?"

"Not that I know of. I hope not."

"It's not a bad thing to be sad, you know. I'm always drunk. Not always, but everyday. I drink because I'm a sodding bastard, but sodding bastars can be sad too, you know."

"Sodding bastards probably have good reasons to be sad. I know."

Tramp stares at me. He looks suddenly different, sober. Almost, almost, like he's not a Trump in the bus anymore.

"I have to get off in the next one, so you will can [sic] breath with your nose again soon, madam. Whatever is making you sad, tell them to fuck the fucking hell off. Nothing matters, life's all shit. But at times you can find your way in the shit, you know. And shit changes, too. One day is one shit, the next s'another shit. And that is a good thing. And sometimes the shit is gone. Just like that, fucking gone. I like your eyes. Your eyes see things. Your shit will be gone."

I don't know about my shit, but my eyes are not seeing much at the moment. Not even blinking, I'm sure of it.

"Have a good day, madam. Been a pleasure," and he does a small bow with the head.

"Been, indeed," and I mean it. " Have a good day, you too."

Tramp quickly gets off the bus. I still breath through my mouth for a bit longer. I am almost ready to take my phone out and take a picture of him, but I don't dare to picture people in buses, and anyway he's on the opposite side, so no luck.

As I was saying, you never know when the shit is about to change.

Night night.

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18 de julio de 2011

From: Bela To: The Drawing Room

Querida Drawing Room: 

Aunque no lo parezca, he estado leyendo todas y cada una de las charlitas que has tenido por aquí. A veces me he reído, a veces me he identificado mucho con tus historias, y a veces me ha dado así como gotera en el ojillo. Lo típico. 

La cuestión es, que hace mucho que no te escribo, y me ha parecido que la primera noche que tengo internet decente, de nuevo en London, tenía que emplearla en dedicarte una entrada a ti, en lugar de contarte cómo estamos aquí PILUNA y servidora (que ya lo contaré también como evento que es, claro está). 

Yo sigo teniendo muy presente que, por norma general, a todos nos parece tremendamente importante lo que nos ocurre día a día, pero que la realidad es que, por normal general también, no lo es. Es decir, para cada uno sí lo es, pero siendo objetivos, no da para una novela interesante. No da para una novela de bolso de playa, de hecho.

Es por eso que me sigue pareciendo muy surrealista que estés ahí, Drawing Room, escuchando atentamente -o algo- todas las chorradas que te cuento, y sobre todo teniendo en cuenta que últimamente la tecnología no me ha dejado contar mucho. Sin embargo, tú me has animado a que haga muchas cosas que no sabía si terminaría haciendo. Me has hecho reír con aventuras y desventuras. Me has hecho sonreir cuando me has animado con mi best seller porque resulta que, por alguna razón que se me escapa, te has tragado todo un blog de tonterías de las que hablaba antes. Aquí entre nosotros, tengo que confesarte, Drawing Room, que ojalá escribiese igual de libremente que lo hago aquí cuando estoy con el best seller. Por eso los ánimos son especialmente bienvenidos. Y como también antes te decía, igual me ha dado llorera con algunas de las cosas que has contado, personales y que cuestan contar. 

Así que no me tienes que dar las gracias por dejarte un hueco para charlar tranquilitamente cada vez que te venga en gana.Soy yo la que te tiene que dar las gracias por seguir visitando aun cuando no estoy yo en casa!  Basil está monísimo cuando está acompañado, y los French Fancies vuelan, señal de que os gustan y que tengo que comprar más.

Espero que te lo pases muy bien de vacaciones, o en Manhattan -a la que voy a volver sin faltar un día-, haciendo aupairismo familiar. O simplemente rascándote la barriguilla después de un año horrible de estudios, de problemas, o de llevar colegios que otros ineptos no saben llevar. Aun así, siempre aquí has venido de visita, a relajarte, a pasar un buen rato, o a echar sapos y culebras y azufre por la boca.

Y yo te lo agradezco aquí y ahora.

Ay Drawing Room, qué haría yo sin ti.

Un cyberachuchón gordo desde la tierra de los 17 de Julios disfrazados de Octubre. 

xxx



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